Parte 2: La verdad que mi padre se llevó a la tumba

—¿Una oportunidad de qué?

Laura me miró con una seriedad que nunca antes le había visto.

—De demostrar que la operación que Ricardo estaba preparando nunca tuvo autorización válida.

Aquella tarde fuimos al banco.

Presenté mi identificación, la documentación de la sucesión y la llave de seguridad. Después de varias verificaciones, un empleado nos condujo a una sala privada.

La caja se abrió con un clic.

Dentro había un sobre sellado, una memoria digital y un documento notarial original.

Laura revisó cada página con cuidado.

Yo apenas podía respirar.

Finalmente, levantó la mirada.

—Mariana, esto cambia las cosas.

—¿Qué encontraste?

Me mostró el documento.

Mi padre había establecido una cláusula de protección en el fideicomiso. Cualquier intento de transferir o ceder las participaciones principales sin cumplir determinadas condiciones podía ser impugnado y suspendido mediante el procedimiento legal correspondiente.

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