Parte 2: La verdad que mi padre se llevó a la tumba

Entonces Ricardo golpeó una superficie con tanta fuerza que el sonido retumbó por el teléfono.

—¡No me importa lo que prometiste! ¡Mi suegro está muerto y no puede hacer nada! ¡Mariana tampoco sabe nada de lo que firmó su padre!

Sentí que las piernas me fallaban.

¿Lo que había firmado mi padre?

¿Qué tenía que ver mi papá con todo aquello?

Mi padre, Ernesto Villarreal, había sido un hombre reservado, pero honesto. Durante treinta años construyó una empresa de distribución de materiales industriales en Nuevo León. Nunca presumió de su fortuna y siempre me enseñó que el dinero podía perderse, pero que la dignidad no tenía precio.

Cuando murió, hacía dos años, yo había quedado destrozada.

Ricardo fue quien me consoló durante el funeral. Fue quien me abrazó mientras enterrábamos a mi padre. Fue quien me prometió que jamás permitiría que nadie se aprovechara de mí.

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