La anciana no estaba intentando construir una historia perfecta.
Solo estaba entregando los pedazos que realmente conservaba.
Teresa regresó a la casa antes de que anocheciera.
Abrió por fin los mensajes de Javier.
El primero decía que necesitaban hablar.
El segundo insistía en que podía explicarlo todo.
El tercero era diferente.
—Voy para allá.
Teresa lo leyó dos veces.
Luego fue directamente a la puerta principal y giró la llave.
No porque temiera que Javier fuera a lastimarla.
Sino porque, después de veintiséis años, decidió que él ya no entraría a esa casa como si también le perteneciera.
Mientras esperaba, volvió a revisar los documentos.
Entonces encontró algo que antes había pasado por alto.
En una de las hojas de Elena había una anotación mucho más reciente que los papeles de Gabriel.
Su madre había escrito que Javier no solo preguntó por el valor de la casa.