Las semanas siguientes fueron caóticas.
El video de la fuente comenzó a circular entre algunos invitados.
No fui yo quien lo publicó.
Alguien había grabado el momento con su teléfono.
Se veía claramente a Gerald sujetándome por los hombros.
Se veía el empujón.
Se veía mi caída.
Y se escuchaban los aplausos.
Algunos familiares intentaron disculparse.
Otros dijeron que no habían entendido lo ocurrido.
Unos cuantos insistieron en que yo estaba exagerando.
No respondí a todos.
No tenía energía para hacerlo.
Pero recibí un mensaje que me sorprendió.
Era de Rosalind.
“Necesito hablar contigo. No por papá. Por mí.”
Tardé tres días en contestar.
Finalmente acepté reunirnos en una cafetería.
Llegó sin maquillaje.
Parecía agotada.
—Genevieve.
—Hola.
Se sentó.
Durante varios segundos observó sus manos.
—Vi el video.
Asentí.
—Yo también.
Empezó a llorar.