Mi padre se quedó helado.
—¿Una revisión?
—Sí.
—¿Por un asunto personal?
Alexander negó.
—Porque acabo de presenciar cómo trata a una persona sobre la que cree tener poder. Eso me obliga a examinar con más cuidado su criterio profesional y la cultura de su empresa.
Gerald abrió la boca.
—Eso no tiene nada que ver con los negocios.
—Es posible —respondió Alexander—. Por eso revisaremos los hechos y los documentos antes de tomar decisiones.
Y entonces salimos.
En el automóvil, por fin empecé a temblar.
Alexander me abrazó.
—Ya pasó.
Negué.
—No. Apenas estoy entendiendo lo que pasó.
Me acarició el cabello.
—Está bien.
—Toda mi vida pensé que, si lograba ser suficientemente buena, algún día dejarían de tratarme así.
Alexander permaneció callado.
—Saqué las mejores calificaciones. Conseguí un buen trabajo. Compré mi departamento. Nunca les pedí dinero.
Me limpié las lágrimas.