Rosalind me miró.
Después observó a Alexander.
—¿Quién es él?
Respondí:
—Mi esposo.
Se rio.
—Genevieve, no es momento para bromas.
Alexander extendió la mano.
—Alexander Vale. Mucho gusto.
Rosalind dejó de reír.
Conocía su nombre.
Todos en aquella familia lo conocían.
Durante los últimos seis meses, Gerald había hablado constantemente de un posible acuerdo con Vale Capital.
Decía que aquella inversión salvaría a Weldon Hospitality de sus problemas financieros.
Decía que Alexander Vale era uno de los empresarios más difíciles de convencer.
Decía que, si lograba cerrar el trato, nuestra familia volvería a estar entre las más importantes de Portwell.
Ahora ese hombre estaba frente a ella.
Tomándome de la mano.
—¿Estás casada con Alexander Vale? —preguntó.
—Sí.
—¿Desde cuándo?
—Tres años.
Rosalind se llevó una mano al pecho.
—¡No puedo creer que nos ocultaras algo así!