Levantó los ojos.
—¿Me amabas cuando aceptaste casarte conmigo?
Una lágrima recorrió su mejilla.
—Te amaba desde mucho antes.
Sentí que el mundo se detenía.
—¿Desde cuándo?
Sonrió con tristeza.
—Desde aquella noche en que ayudaste a mi padre cuando sufrió un infarto en una conferencia.
Recordé el incidente.
Había ocurrido cinco años atrás.
Yo había llamado a emergencias y permanecido junto a un desconocido hasta que llegó la ambulancia.
Nunca supe que aquel hombre era el padre de Alina.
—Me quedé en el hospital toda la noche —continuó—. Te vi llevarle café a mi madre y pagar discretamente los gastos que el seguro no cubría.
Se cubrió el rostro.
—Me enamoré de un hombre que hacía cosas buenas cuando nadie estaba mirando.
Sentí que se me cerraba la garganta.
—Alina…
Ella retrocedió.
—Pero nunca pude hacer que ese hombre me amara.