Y mientras eso ocurría, Ernesto continuaba enviando dinero.
La investigación todavía tendría que determinar responsabilidades, decisiones y omisiones de cada persona involucrada, pero para nosotros la pregunta central ya había cambiado.
Melissa no se había ido voluntariamente.
Ernesto la había llevado hasta allí.
Faltaba saber qué había sucedido después.
Esa respuesta llegó con las cartas.
Cuando finalmente pudieron revisar su contenido completo, mi mamá fue
informada de lo que decían sin recibir todavía los originales.
La primera comenzaba con la línea que Renata había alcanzado a leer en la casa.
“Mamá, yo no me fui. El abuelo me trajo…”
En las páginas siguientes Melissa explicaba que Ernesto le había dicho que permanecería allí unos días hasta que aprendiera a comportarse.
También escribió que había pedido regresar a casa y que él le aseguraba que Lucía estaba de acuerdo con su estancia.