Quiso elegir quién podía visitarla.
Y, con el tiempo, quiso conocer la casa donde yo había crecido sin ella.
La primera vez que volvió, no entró a la recámara de Ernesto.
Se quedó en la cocina.
Mi mamá preparó café aunque Melissa dijo que no quería.
Yo saqué la caja de fotografías, pero la dejé cerrada sobre la mesa hasta que ella preguntó por ella.
—¿Eso es mío?
—En parte.
Melissa levantó la tapa.
Encontró los pedazos de tela que Lucía había guardado.
Tomó uno entre los dedos.
Tres margaritas.
Se quedó observándolas mucho tiempo.
—Me salían horribles al principio.
Mi mamá se rio con la cara mojada.
—Sí.
Fue una de las primeras veces que las vi compartir un recuerdo sin que Ernesto estuviera en medio.
Meses
después, cuando finalmente se permitió revisar algunas de sus cosas recuperadas y decidir qué quería conservar, Melissa preguntó por la prenda rosa que había iniciado todo.