Elegante.
Educada.
Hija de una familia conocida.
Habían salido durante dos años.
Para los periódicos financieros y sociales, aquella boda era la unión perfecta.
La madre de Adrian, Eleanor, no opinaba lo mismo.
Tres semanas antes había muerto.
Oficialmente, por complicaciones derivadas de una enfermedad cardíaca.
Su ausencia era la única sombra sobre la ceremonia.
Adrian había reservado una silla vacía en primera fila con una rosa blanca encima.
La joven señaló aquella silla.
—Yo estaba con ella la noche antes de que muriera.
Adrian sintió que el mundo se inclinaba.
—¿Qué dijiste?
Celeste reaccionó primero.
—Adrian, esta chica está obviamente enferma. Seguridad.
Dos hombres avanzaron.
—Esperen —ordenó Adrian.
Celeste lo miró.
—¿En serio vas a permitir que una desconocida arruine nuestra boda?
—Acaba de mencionar a mi madre.
—Todo el mundo sabe que tu madre murió.
La joven negó con la cabeza.