—¿Tienes galletas? —preguntó de pronto.
El silencio se rompió con una risa nerviosa de uno de los invitados.
Mercedes se llevó una mano a la boca y soltó una carcajada entre lágrimas.
—Tengo toda una cocina llena de galletas, cariño.
Lucía miró a su madre.
Elena sonrió.
—Podemos aceptar unas galletas.
Era una respuesta pequeña, pero para Mercedes significaba algo enorme: no le habían cerrado la puerta para siempre.
3. La carpeta que Álvaro temía
El investigador principal se acercó a Elena.
—¿Desea que le entreguemos también la copia del informe complementario?
—Sí, por favor.
Álvaro se puso rígido.
—¿Qué informe?
Elena recibió el documento, pero no se lo entregó a él.
—No he venido a discutir asuntos profesionales en una cena familiar. Sin embargo, como me has invitado delante de tantas personas, considero conveniente dejar constancia de que no he venido a pedirte dinero ni favores.