Álvaro sintió que se le cerraba la garganta.
—Si vuestra madre está de acuerdo y vosotros queréis, sí.
Hugo asintió.
—Entonces trae el mismo juego. Mateo dice que todavía no has aprendido a jugar.
Desde una banca cercana, Elena observó la escena.
No sintió que hubiera recuperado a su marido.
Porque ya no quería recuperarlo.
Lo que vio fue a sus hijos descubriendo, a su propio ritmo, qué lugar deseaban darle a un hombre que había estado ausente durante sus primeros ocho años.
Y comprendió que podía permitirles explorar esa relación sin renunciar a los límites que tanto le había costado construir.
9. La Navidad siguiente
Un año después, Elena volvió a recibir una invitación de Mercedes.
Esta vez no había exigencias ni mensajes fríos.
La carta decía:
«Querida Elena:
No espero que olvides lo ocurrido ni que regreses a una familia que te hizo daño. Solo quiero que sepas que la puerta estará abierta si algún día tú y los niños deseáis venir.