Mercedes terminó de leer la carta con las manos temblorosas.
La fecha era de hacía ocho años. Al final, con una letra que reconoció de inmediato, aparecía una frase que le heló la sangre:
«Álvaro, nuestros hijos nacieron esta madrugada. Son cuatro. Están vivos, aunque siguen en observación. No te pido que vuelvas conmigo. Solo te pido que algún día tengas el valor de conocerlos».
Mercedes levantó la mirada.
—¿Tú recibiste esta carta?
Álvaro miró a su madre, luego a Elena y finalmente a los cuatro niños.
—No sé de qué estás hablando.
Elena no se movió.
—Mira el sello de entrega, Álvaro. Mira la firma.
Uno de los investigadores abrió su maletín y sacó una segunda carpeta.
—Señora de la Vega, hemos verificado la documentación disponible. Esta carta fue enviada al domicilio que el señor Álvaro utilizaba entonces. Hay un registro de entrega firmado por una persona que residía allí.