La nieve caía suavemente sobre los jardines.
—No quiero que te vayas pensando que no me importan —dijo, señalando a los niños.
Elena se volvió hacia él.
—Lo que pienses ahora importa menos que lo que hagas mañana.
—Quiero conocerlos.
—Son cuatro niños, Álvaro. No cuatro oportunidades para limpiar tu conciencia.
Él cerró los ojos.
—Lo sé.
—No, todavía no lo sabes. Pero puedes empezar a aprenderlo.
Hugo, Mateo, Sofía y Lucía se acercaron a su madre.
Álvaro los miró como si quisiera memorizar cada rostro.
—¿Puedo daros un abrazo?
Los cuatro miraron a Elena.
Ella no decidió por ellos. Se limitó a decir:
—Podéis responder lo que sintáis. No tenéis que hacer nada para que ningún adulto esté contento.
Hugo fue el primero en hablar.
—Todavía no.
Álvaro recibió aquellas dos palabras sin protestar.
Mateo negó con la cabeza. Sofía se refugió junto a Elena. Lucía, que sostenía una galleta envuelta en una servilleta, se limitó a observarlo.