Reconocí inmediatamente el nombre.
Era una compañía que mi unidad había comenzado a investigar meses atrás por posibles irregularidades contractuales.
—¿Cuánto dinero? —pregunté.
—Más de ochocientos mil dólares.
Sentí un escalofrío.
—Ryan nunca trabajó en defensa.
Cross guardó silencio.
—Eso es precisamente lo que nos preocupa.
Rebecca revisó los documentos.
Las transferencias habían comenzado poco después de mi despliegue.
Y todas estaban autorizadas por un ejecutivo llamado Richard Vance.
Un hombre relacionado con contratos que yo había recomendado auditar.
Entonces comprendí que la agresión contra Eliza podía formar parte de algo mucho mayor.
Alguien había intentado desacreditarme utilizando a mi propia hija.
Aquella noche, Ryan pidió hablar conmigo.
Acepté únicamente con mi abogada presente.
Entró llorando.
—Nia, no sabía que Tessa y Morgan llegarían tan lejos.
Lo miré.
—Pero sabías que estaban presionando a Eliza.