Se burlaron del anciano que pidió comida por tocar el piano, hasta que una sola nota cambió todo….

Personas acostumbradas a entrar en cualquier lugar y ser recibidas con una sonrisa.

Aquella noche estaban reunidas para apoyar la construcción de un nuevo centro destinado a exmilitares y sus familias.

Y, sin embargo, cuando apareció un anciano que parecía necesitar exactamente la ayuda que ellos decían querer ofrecer, casi nadie se levantó de su silla.

—¿Cómo entró este señor? —preguntó alguien.

—Que lo saquen —respondió otra voz.

El hombre no discutió.

Tenía unos 78 años, cabello gris desordenado y una barba corta que no parecía haber visto una máquina de afeitar en varios días.

Se llamaba Ernesto Salgado.

Aunque nadie en aquella sala lo sabía todavía.

Sus ojos recorrieron lentamente las mesas cubiertas con manteles blancos, las copas, los platos caros y las lámparas que colgaban del techo.

Luego volvió a mirar el piano de cola negro colocado sobre una pequeña plataforma.

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