Se burlaron del anciano que pidió comida por tocar el piano, hasta que una sola nota cambió todo….

Ricardo permaneció quieto unos segundos.

Después tomó su saco de la silla.

No dijo nada.

Caminó hacia la salida.

Nadie se burló.

Nadie aplaudió.

Ernesto tampoco parecía disfrutarlo.

Cuando Ricardo desapareció, el anciano volvió la mirada hacia Daniela.

—Señorita.

Ella tardó un momento en comprender que le hablaba.

—¿Yo?

—Sí.

Daniela se acercó.

—¿Cómo se llama?

—Daniela Cruz.

—La vi cuando entré.

Ella bajó la mirada.

—Quise traerle agua.

—Lo sé.

—Pero hizo que Ricardo perdiera.

Por primera vez en toda la noche, el salón rió sin crueldad.

Daniela apretó los billetes contra el pecho.

—Gracias.

Ernesto se acercó a Arturo.

—El comité necesita un nuevo presidente.

Arturo levantó las manos.

—Tengo 81 años.

—Precisamente. Ya debería saber decir que no cuando alguien tiene una mala idea.

Varias personas soltaron una carcajada.

Arturo también.

Después se puso serio.

—Si realmente cree que puedo ayudar, lo haré.

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