Ricardo bajó la mirada.
Ernesto continuó.
—Pensó que yo era pobre. Pensó que tenía hambre. Pensó que era un veterano viejo al que nadie quería contratar.
Su voz seguía tranquila.
—Y convirtió mi petición en entretenimiento.
Ricardo intentó interrumpirlo.
—Yo solamente…
Ernesto levantó una mano.
—Este centro necesitará personas capaces de ver seres humanos antes que currículums, ropa o cuentas bancarias.
Miró directamente a Ricardo.
—No puedo confiarle esa responsabilidad.
Ricardo comprendió inmediatamente.
—No puede hacer eso.
—Puedo retirar mi apoyo al proyecto.
Nadie respiraba.
—Pero no quiero hacerlo.
Ernesto miró a los invitados.
—El centro es demasiado importante.
Regresó la mirada a Ricardo.
—Lo que sí puedo hacer es pedir que usted deje la presidencia del comité.
Ricardo abrió la boca.
La volvió a cerrar.
Buscó apoyo entre las mesas.
No lo encontró.
Arturo habló finalmente.
—Creo que es lo correcto.
Varias personas asintieron.