Según Elena, Teresa había empujado a una enfermera.
Mauricio gritaba:
—¡Mi esposa está confundida! ¡Yo tengo derecho a decidir por ella!
Pero cuando abrieron la puerta, encontraron únicamente una cama vacía.
Y dos agentes esperando.
La agente Salgado recibió una llamada.
Escuchó durante unos segundos.
Después me miró.
—Encontraron su computadora.
—¿Dónde?
—En el automóvil de su suegro.
Sentí que podía respirar un poco mejor.
Pero su expresión seguía siendo seria.
—También encontraron otra cosa.
—¿Qué?
—Un frasco de medicamento triturado.
Mi madre apretó mi mano.
—¿Qué medicamento?
La agente cerró la puerta.
—Un sedante.
Mi estómago se contrajo.
—Yo no tomo sedantes.
—Lo sabemos.
Sacó otro documento.
—El hospital conservó una muestra de sangre de cuando ingresó.
Esperé.
—Daniela, el análisis toxicológico acaba de llegar.
Hizo una pausa.
—Usted tenía ese mismo medicamento en el organismo cuando fue golpeada.