—Su Ran, puedo explicarlo.
—Entonces hazlo.
Shang Ye tomó el documento y leyó rápidamente.
Su expresión se endureció.
—Hijo de puta.
—¿Qué dice? —pregunté.
Él levantó la mirada.
—Si te hubieras casado hoy con Duan Yujing y ese bebé hubiera sido registrado legalmente como hijo de ambos…
Hizo una pausa.
—La familia Duan habría podido reclamar, a través del niño, parte del fideicomiso que tus padres dejaron a tu nombre.
Mi mente quedó en blanco.
Mis padres habían muerto cuando yo era pequeña.
Siempre me dijeron que apenas habían dejado dinero.
Miré a Yujing.
—¿Tú sabías que existía ese fideicomiso?
No contestó.
La mujer respondió por él.
—Lo sabe desde hace tres años.
Tres años.
Durante tres años aquel hombre había dormido a mi lado.
Había hablado de nuestra boda.
De nuestro futuro.
De nuestra familia.