Por primera vez, él pareció quedarse sin una explicación preparada.
Se sentó otra vez.
«Porque ya había pasado».
«No».
«Yo no sabía cómo deshacerlo».
«Podías empezar diciéndome que mi hija estaba viva».
«Estabas destruida».
«Porque tú me dijiste que estaba muerta».
Lucas bajó la cabeza.
Ahí entendí algo todavía peor.
La mentira no había durado minutos.
No había durado mientras yo estaba inconsciente.
Había durado catorce días.
Cada mañana él había despertado a mi lado sabiendo que yo lloraba a una niña viva.
Cada vez que me vio tocar la cuna vacía, lo sabía.
Cada vez que Toby preguntó por su hermana, lo sabía.
Cada vez que repetía «lo siento», estaba eligiendo seguir mintiendo.
«Llámala», dije.
Lucas levantó la vista.
«No».
«Llámala ahora».
«Necesitamos calmarnos».
«Tú necesitas un teléfono».