Recuperar a mi hija no borró las dos semanas en las que lloré creyéndola muerta.
Tampoco borró la imagen que Toby había cargado solo desde aquella noche del hospital.
Había días buenos.
Había días en los que una cobija clara, un elevador o un sobre me hacían sentir el mismo vacío en el estómago.
Pero ahora conocía la verdad.
Y la verdad, aunque dolía, al menos me permitía elegir.
Lucas había decidido por mí mientras yo no podía defenderme.
Yo decidí que nunca volvería a ocurrir.
Una tarde entré al cuarto de la bebé y encontré a Toby inclinado sobre la cuna.
Pensé que otra vez estaba revisando su respiración.
Pero no.
Estaba acomodando el perrito azul junto a ella.
La bebé tenía una mano cerrada alrededor de una de sus orejas.
«Mamá», susurró Toby.