—Creo que estoy empezando a entender lo que le ha pasado a Mónica.
Por primera vez, Teresa no encontró una respuesta inmediata.
Y aunque todavía no estaba dispuesta a reconocerlo, la historia que Vanessa había contado empezaba a perder fuerza.
13. Mi regreso
El decimocuarto día, preparé las maletas con una sensación extraña.
Una parte de mí quería quedarme junto al mar un poco más.
Otra quería regresar para descubrir si los cambios que Gabriel había prometido eran reales.
Durante el vuelo de vuelta pensé mucho en lo que iba a decirle.
No quería llegar a casa y actuar como si nada hubiera pasado.
Tampoco quería convertir aquella experiencia en una guerra interminable.
Quería hablar con claridad.
Quería escuchar.
Y, sobre todo, quería saber si todavía podíamos construir un matrimonio en el que los dos tuviéramos voz.
Cuando el automóvil se detuvo frente a nuestra casa, Gabriel estaba esperando junto a la puerta.
Llevaba una camisa limpia y unos pantalones oscuros. Parecía nervioso.
Bajó los escalones y se acercó para ayudarme con las maletas.
—Hola —dijo.
—Hola.
Durante unos segundos nos miramos sin saber cómo saludarnos.
Finalmente, me preguntó:
—¿Cómo han sido las vacaciones?
La pregunta me sorprendió.
Esperaba que comenzara hablando de los niños, de Vanessa o de la situación familiar.
Pero me estaba preguntando por mí.
—Han sido buenas —respondí—. Necesitaba descansar.
Él asintió.
—Me alegro.