Parecía una boda que acababa de ser remolcada.
Mi papá me llevó a casa con Sofía.
Durante el camino lloré.
No por perder a Daniel.
Lloré porque, durante mucho tiempo, había esperado que algún día eligiera nuestra familia por encima del miedo a decepcionar a su madre.
—¿Por qué no me dijiste antes lo que escuchaste en aquella reunión? —pregunté.
—Porque quería que tú decidieras por lo que él hiciera contigo, no por lo que yo te contara de él.
—¿Y si hoy hubiera actuado diferente?
Papá sonrió.
—Habría guardado esa carpeta y me habría ido contigo a comer birria para celebrar a mi nieta.
Aquella noche pensé que todo había terminado.
Me equivocaba.
Al mediodía siguiente escuchamos gritos desde la calle.
Teresa había llegado con Daniel, Fernanda, dos carteles y un influencer local conocido por publicar escándalos familiares.
Uno de los carteles decía:
“DEVUÉLVANME A MI NIETA.”
El otro:
“MARIANA DESTRUYÓ NUESTRA FAMILIA.”
Cuando abrí la ventana, Teresa ya estaba transmitiendo.
—Mi nuera echó a mi hijo de su casa —gritaba—. Nos quitó una camioneta que había prometido regalar a Fernanda y ahora no permite que conozca a mi nieta.
Algunos vecinos comenzaron a salir.
Daniel permanecía atrás, serio.
El influencer le acercó el micrófono.
—¿Qué quiere decir usted?
Daniel respiró profundamente.
—Quiero contar quién es realmente mi esposa. Durante años me ocultó que su padre era millonario. Me hizo vivir engañado.
Aquello me hizo reír.
Bajé.
Mi papá vino conmigo.
También Karla.