Y, para sorpresa de todos, apareció un funcionario que yo había solicitado para dejar constancia de cualquier intento de hostigamiento relacionado con mi hija.
Teresa siguió hablando.
—¡Ella planeó todo!
—No —respondí—. Pero ustedes sí.
Saqué una bocina pequeña.
Fernanda palideció.
Porque mi camioneta tenía una cámara que grababa imagen y sonido desde hacía años por mi trabajo.
Y el día anterior había guardado automáticamente toda la conversación de Teresa y Fernanda mientras conducían hacia el hospital.
Presioné reproducir.
La voz de Teresa llenó la calle.
—Daniel le pone el papel entre los documentos. Recién parida ni cuenta se va a dar.
Después se escuchó a Fernanda.
—¿Y si no firma?
—Entonces hacemos que parezca inestable. Decimos que no deja ver a la niña, que está obsesionada con el dinero. Con suficiente presión va a ceder.
Los vecinos dejaron de murmurar.
El influencer bajó lentamente el micrófono.
La grabación continuó.
Fernanda mencionaba el anticipo recibido.
Teresa le ordenaba no devolverlo porque “en cuanto Mariana firmara, todo quedaría arreglado”.
Apagué la bocina.
Nadie dijo nada durante varios segundos.
Karla fue quien rompió el silencio.
—Yo también sabía parte de esto —dijo—. Y me arrepiento de haber callado.
Fernanda se volvió hacia ella.
—¡Traidora!