Verónica me miró con odio mientras le colocaban las esposas.
“Todo esto por esa sirvientita. Desde que llegó olvidaste quién es tu familia.”
Me acerqué a Mariana y tomé su mano.
“No. Ella me recordó lo que significa tener una.”
También investigaron al abogado y el poder falsificado. Meses después perdió su licencia profesional y el documento fue anulado.
Pero la consecuencia más importante no apareció en ningún expediente.
Sin los sedantes, mi padre empezó a regresar.
Primero dijo palabras.
Después frases.
Luego movió una mano que los médicos consideraban perdida.
Mariana volvió a estudiar enfermería mientras continuaba acompañándolo en sus terapias.
Yo cambié también.
Dejé de pensar que pagar médicos caros era lo mismo que cuidar a alguien.
Empecé a sentarme junto a papá.
Le hablaba.
Lo escuchaba.
Con Mariana tuve que comenzar desde cero.
Mandé retirar todas las cámaras delante de ella.
“No quiero volver a necesitar una pantalla para saber quién eres.”
Ella tardó meses en volver a confiar en mí.
Y estuvo bien.
Una noche encontró el anillo de compromiso guardado en un cajón.
Lo puso sobre la mesa.
“Creo que ya puedes ponérmelo otra vez.”