Lucas se quedó mirando el lugar.
—Aquí pensaba que nadie iba a venir.
Mateo señaló a Nico.
—Pero vino él.
Nico sonrió.
—Yo solo dije que os parecíais a mí.
Álvaro observó a sus 3 hijos juntos. Durante años había creído que aquella noche le había quitado una esposa y 2 hijos. Ahora sabía que también le había quitado la verdad.
No podía recuperar los primeros pasos de Lucas, ni las primeras palabras de Mateo, ni 6 cumpleaños que habían celebrado lejos de él. No podía borrar el hambre, los pisos prestados ni el colchón junto a la basura.
Pero podía decidir qué ocurriría desde ese día.
Cuando se marchaban, Lucas se volvió hacia él.
—Papá, ¿
mañana también vamos a estar los 4?
Álvaro le tomó una mano. Nico tomó la otra de Lucas y Mateo se agarró a su hermano.
—Mañana también.
—¿Y pasado?
Álvaro miró a los 3.
—También.
Mateo sonrió por primera vez sin mirar hacia atrás, como si por fin hubiera entendido que ya no necesitaba memorizar una ruta de escape.
Y los 4 salieron del callejón caminando despacio, unidos por las manos, mientras el viejo sobre con el nombre de Álvaro permanecía guardado en una caja de su despacho, junto a las 3 pulseras del hospital.
No como recuerdo de la mentira que los separó, sino como prueba de que, a veces, una familia puede tardar 6 años en encontrarse y aun así llegar a tiempo para empezar de nuevo.