Cerré los ojos.
De pronto comprendí por qué mi padre había actuado con tanta seguridad.
No era simplemente arrogancia.
Creía tener algo.
—David —dije—, escucha atentamente. No firmes nada. No destruyas nada. Y si existe algún documento relacionado con mi propiedad, quiero saber exactamente qué pone.
—Esto se está saliendo de control.
—No. Esto lleva años fuera de control. Simplemente acabamos de empezar a verlo.
Antes de que pudiera responder, escuché la voz de Olivia.
—¿Con quién hablas?
La llamada terminó.
Cinco minutos después recibí una fotografía desde un número desconocido.
Era una hoja sobre una mesa.
En la parte superior aparecía la dirección de mi villa.
Debajo había varias líneas sobre una supuesta «aportación familiar» destinada a la adquisición del inmueble.
Y al final…
aparecía mi nombre.
Junto a una firma.
Mi firma.
Solo había un problema.
Yo jamás había firmado aquel documento.
Sentí un escalofrío.
Amplié la fotografía.