Mi padre me echó de mi propia villa y se la entregó a mi hermana… pero olvidó un detalle: la casa nunca fue suya

de la villa.

La cámara de la entrada la mostró arrastrando una pequeña maleta.

Mi padre apareció detrás.

—¿Adónde vas?

Susan se detuvo.

—A un hotel.

—No seas ridícula.

—Robert, me dijiste que Elena había aceptado compartir esta casa contigo.

—Lo hizo.

—Entonces enséñame un documento auténtico que lo demuestre.

Mi padre miró hacia la cámara.

Por primera vez, pareció recordar que todo aquello estaba siendo registrado.

Bajó la voz.

Susan no.

—También me dijiste que estabas a punto de perder tu antigua casa cuando Elena te dio cincuenta mil dólares.

Mi padre dio un paso hacia ella.

—Eso no es asunto tuyo.

—Soy tu mujer. Claro que es asunto mío.

Susan levantó la maleta y caminó hacia su coche.

Antes de entrar, miró directamente hacia la cámara.

Después se marchó.

Mi padre quedó solo.

Olivia y David ya se habían ido.

Susan acababa de abandonarlo.

La celebración había terminado.

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