Mi padre me echó de mi propia villa y se la entregó a mi hermana… pero olvidó un detalle: la casa nunca fue suya

cómo lloraba suavemente.

—Siempre pensé que tú eras la afortunada. La carrera. James. El dinero. La casa. Nunca pensé en lo que te había costado conseguirlo.

—Olivia…

—Déjame terminar. Cuando papá dijo que la villa debía ser nuestra, una parte de mí sabía que aquello estaba mal. Pero me convenía no hacer preguntas.

Por primera vez, no sentí rabia hacia ella.

Sentí tristeza.

—Sal de la casa —le dije—. Después hablaremos.

—Lo haré.

Antes de colgar añadió:

—Pero papá dice que no piensa marcharse.

Aquello no me sorprendió.

Dos horas después, Michael tenía preparada la siguiente fase.

Todo debía hacerse formalmente y conforme al procedimiento aplicable. Nada de enfrentamientos personales.

Mi padre recibiría la documentación correspondiente.

Y tendría la oportunidad de responder.

Pero aquella noche ocurrió algo que cambió nuevamente la situación.

Susan me llamó.

Nunca lo hacía sin mi padre presente.

—Elena, necesito hablar contigo.

Su voz temblaba.

—Te

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