Las reconciliaciones entre hermanos.
Nada espectacular.
Nada diseñado para hacer sentir culpable a Javier.
Era, simplemente, la vida que ocurrió mientras él no estaba.
Javier pasó las páginas lentamente.
Había fotografías, pero no demasiadas.
Habíacopias de algunos documentos.
Había fechas que nuestros hijos habían escrito durante la investigación para ordenar sus recuerdos.
En una hoja aparecía una pregunta que Lucía había hecho cuando era niña.
¿Por qué papá no quiso conocernos?
Javier dejó de leer.
Lucía sintió mi mano tensarse y apretó mis dedos.
—Yo escribí eso —dijo ella.
Javier la miró.
—Lucía…
—No necesitas explicarme por qué te fuiste —respondió—. Ya sabemos por qué te fuiste. Lo que nunca entendimos fue por qué no regresaste a preguntar.
Ahí estaba la diferencia.
Su error inicial había durado minutos.
Su abandono había durado treinta años.
Javier podía decir que aquella mañana estaba conmocionado.
Podía admitir que actuó dominado por los celos.