Se escuchó un clic.
El fondo de madera se levantó.
Debajo había un compartimento oculto.
Mi madre soltó un sollozo.
—No sabía que seguía ahí.
Dentro había una caja metálica.
La saqué.
Pesaba más de lo que esperaba.
Tenía una pequeña cerradura.
Y encima había una nota escrita con la letra de mi padre.
Mi nombre.
**DANIELA.**
Sentí que se me aflojaban las piernas.
Abrí la caja.
Había documentos.
Fotografías.
Dos teléfonos antiguos.
Una memoria USB.
Y un sobre sellado.
Lo abrí con manos temblorosas.
La primera hoja era un contrato de compraventa.
La segunda era una copia de una escritura.
La tercera me dejó sin respiración.
Era un documento de una cuenta bancaria.
A nombre de una empresa que no reconocía.
Pero debajo aparecía el nombre de Mauricio.
Mi esposo.
Me quedé inmóvil.
—Mamá…
Ella se acercó.
—¿Qué dice?
Le entregué el documento.
Mi madre comenzó a leer.
Su rostro cambió.
—No…
—¿Qué pasa?
Ella levantó los ojos.
—Esta empresa pertenecía a tu padre.
Volví a mirar el papel.
—¿Y por qué aparece Mauricio?
Mi madre no respondió.
Desde el pasillo escuchamos la voz de Patricia.
—Porque tu padre descubrió lo que estaba haciendo.
Me levanté.
Patricia estaba en la puerta.
Mauricio permanecía unos pasos detrás de ella.