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Carmen respondió como si todo fuera completamente normal.
Le explicó que Marta estaba embarazada y que necesitaba estabilidad.
Según ella, no podían seguir pagando renta mientras Lucía pasaba meses fuera por sus misiones.
Después llegó la frase que Lucía había escuchado muchas veces desde niña.
—Sé una buena hermana por una vez.
Esperaban una reacción.
Esperaban una discusión.
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Esperaban que Lucía defendiera su habitación antes de entender lo que realmente estaba pasando.
Pero ella no gritó.
No reclamó.
Cerró la bolsa, tomó su mochila y bajó al sótano.
Ahí encontró algo que nadie más parecía recordar.
Detrás de unas cajas de herramientas había una tabla del piso distinta a las demás.
La levantó.
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Debajo estaba la pequeña caja fuerte que había pertenecido a su abuelo.
Lucía introdujo el código y encontró una carpeta azul.
Dentro estaba la escritura original de la propiedad.
El documento tenía algo que cambiaba completamente la situación.
La casa estaba registrada a su nombre.