Me di la vuelta. Había seis personas esperando en la barra.
Denise me sonrió.
“Esos rollitos de canela no se van a vender solos”.
Me limpié la cara.
Un lugar donde empezar de nuevo.
“No”, dije. “Parece que no”.
Luego me ajusté mejor el delantal, me lavé las manos y volví al trabajo.