—No.
—¿Pretende que creamos que se casó con un hombre extraordinariamente rico sin pensar nunca en su fortuna?
—Sí.
—¿Y por qué deberíamos creerla?
Lomiré.
—Porque cuando acepté casarme con él ni siquiera sabía cuánto dinero tenía.
El abogado sonrió.
—Pero sabía que era rico.
—Sabía que tenía una habitación mejor que la mía.
Algunas personas en la sala sonrieron.
El abogado cambió de tema.
Entonces presentó el informe del doctor Valdés.
Aquello era exactamente lo que Álvaro esperaba.
Cuando llegó nuestro turno, no discutimos primero sobre el diagnóstico.
Reprodujimos la grabación.
La sala quedó completamente en silencio.
Daniel perdió el color del rostro.
Después Álvaro presentó las evaluaciones independientes realizadas aquella misma semana: dos especialistas habían determinado que Harrison conservaba plenamente su capacidad para tomar decisiones.
Finalmente llamó al doctor Valdés.
El médico intentó defender su informe.
Hasta que Álvaro mostró los registros bancarios.
Una empresa vinculada a Daniel había pagado al doctor una elevada suma pocos días después de que firmara el documento.
—¿Fue aquello un pago por servicios médicos? —preguntó Álvaro.El doctor guardó silencio.
—Le repito la pregunta.
—Necesito hablar con mi abogado.
Aquella respuesta dijo más que cualquier confesión.
Pero la verdadera sorpresa llegó cuando Patricia declaró.
Contó todo.
Las reuniones.
Las presiones.
Los intentos de controlar las cuentas.
La obsesión de Daniel por cerrar la fundación.
Y finalmente habló de la última conversación que había tenido con su padre.
—Me dijo que todavía estaba dispuesto a perdonarnos.
Daniel la miró furioso.
—¡Cállate!
El juez intervino inmediatamente.
Patricia comenzó a llorar.
—Papá no quería dejarnos sin nada. Quería que dejáramos de comportarnos como si su muerte fuera una oportunidad financiera.
Entonces Álvaro presentó el documento que yo todavía no había visto.
Era una carta dirigida a los tres hijos.
Harrison había pedido que solo se abriera si ellos impugnaban sus decisiones.
Álvaro comenzó a leer:
“Daniel, Patricia y Roberto: