exactamente lo que estaba viendo.
Porque en la grabación estaba Rogelio.
Era de noche.
Estaba junto a uno de los vehículos que meses atrás había aparecido dañado.
Miró hacia ambos lados.
Después se acercó
lentamente…
y levantó la mano.
El video todavía tenía cuatro minutos para reproducirse.
Y lo que ocurrió después explicaría no solo las otras quejas, sino también por qué Rogelio había estado dispuesto a destruir la bicicleta de mi hijo con tal de que nadie seguía investigando.
Esta vez, nadie detuvo la grabación.