de meterte conmigo.
Me levanté inmediatamente.
—Eso sí no.
Patricia también reaccionó.
—Rogelio, acabas de amenazar a un menor frente a tres adultos.
—No lO
amenacé.
—Todos lo escuchamos.
Rogelio se fue.
Pensé que ahí terminaría la noche.
Me equivoqué.
A la mañana siguiente encontré un sobre debajo de nuestra puerta.
No tenía nombre.
Dentro había cinco billetes de quinientos pesos.
Y una nota:
“Con esto queda pagada la bicicleta. Dejen el asunto.”
Dos mil quinientos pesos.
La bicicleta había costado casi doce mil.
Mateo miró el dinero.
—No lo quiero.
—Ni yo.
Tomé fotografías del sobre y lo guardé.
Horas después, Rogelio me mandó un mensaje:
“Ya recibiste el pago. Si sigues molestando, es porque buscas sacar dinero”.
No respondí.
Esa tarde llevamos la bicicleta a un taller especializado.
El mecánico revisó el cuadro.
—No conviene repararla —dijo—. El daño estructural es serio.
Preparó una cotización por escrito.
Todo