había pedido comida, transporte o alguna entrega. Sí había usado una aplicación para pedir el taxi que me llevó a lafiesta, pero el conductor me recogió frente a mi casa y el viaje había terminado horas antes. La señora Yolanda insistió en algo: el muchacho no parecía perdido. Había dicho mi nombre completo sin titubear.
Recordé entonces la fiesta. Habíamos celebrado el cumpleaños de Fernanda en un bar pequeño del centro. Éramos unas quince personas y varias no se conocían entre sí. Cerca de medianoche, Fernanda había pedido otro pastel porque el primero se cayó al mover una mesa. Una amiga buscó una pastelería abierta y alguien hizo el pedido desde su teléfono. —¿Pusieron mi dirección? pregunté por mensaje. Fernanda respondió casi enseguida: “No. Lo mandamos al bar.” Parecía otra pista muerta.
Pero una hora después me llamó. Había recordado algo. Cuando pedimos taxis para regresar, varios compartimos destinos para
VOLVÍ A MI CASA A LAS TRES DE LA MAÑANA Y ENCONTRÉ