VOLVÍ A MI CASA A LAS TRES DE LA MAÑANA Y ENCONTRÉ

es que cuando vio llegar a Julián con su familia, se fue.
Don Julián y yo nos miramos.
La puerta probablemente llevabaabierta bastante tiempo.

Aquel hombre había tenido oportunidad de entrar.
No lo hizo.
Y después, cuando apareció mi vecino y se sentó a vigilar, tampoco se acercó.
—Tal vez solo buscaba otra casa —dije.
Yolanda negó.
—No, muchacha. Preguntó por ti con nombre y apellido.
Ya no pude sonreír.
Pero lo que realmente inquietó a don Julián fue otra cosa.
—Yolanda, ¿dijo cómo sabía dónde vivía?
La mujer tardó un momento.
—Sí.
Miró hacia mi puerta recién reparada.
—Dijo que tú misma le habías dado la dirección esa noche.
Me quedé helada.
Yo no le había dado mi dirección a nadie.

Parte 2:
Lo primero que hice fue revisar mi teléfono. No había enviado mi dirección esa noche. Tampoco tenía mensajes de números desconocidos. Don Julián me preguntó si

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