Entonces vio la puerta abierta —dije. Don Julián asintió. Lo inquietante era precisamente lo que Esteban nohabía hecho. Si hubiera venido a robar, había tenido una oportunidad extraordinaria y la dejó pasar. Si quería verme, sabía por el grupo que yo seguía en la fiesta. ¿Por qué llegar casi dos horas antes y quedarse observando?
Alejandra aceptó preguntarle sin decirle que teníamos video. Esteban respondió que había pasado porque yo misma lo había invitado a recoger “lo de la cámara”. Aquello era falso: la cámara se había vendido cuatro meses atrás a otra persona. Entonces Alejandra nos envió una captura. Esteban le había escrito esa misma noche, antes de llegar a mi calle: “Ya tengo la dirección. A ver si todavía guarda las cajas.” Leí la frase varias veces. Don Julián preguntó lo mismo que yo estaba pensando. —¿Qué cajas? Y de pronto recordé algo que había considerado completamente irrelevante:
VOLVÍ A MI CASA A LAS TRES DE LA MAÑANA Y ENCONTRÉ