Una hora después estaba en la oficina de mi padre.
Sobre su escritorio había una carpeta gruesa.
—¿Qué es eso?
—Los documentos que encontré en el despacho de tu madre.
La abrió.
Había recibos.
Correos impresos.
Fotografías.
Y varias páginas con anotaciones.
En una de ellas aparecía mi nombre.
Al lado, una lista.
“Problemas financieros.”
“Inestabilidad emocional.”
“Ausencias laborales.”
“Dependencia de terceros.”
“Entorno inadecuado para la menor.”
Miré a mi padre.
—Esto es mentira.
—Lo sé.
—¿Quién escribió esto?
—Tu madre.
Pasé las páginas.
Algunas fechas coincidían con momentos en los que yo había estado trabajando hasta tarde.
Otras correspondían a días en los que había tenido que cancelar planes con mi hija.
Mi madre había estado recopilando cada pequeño problema de mi vida.
Pero entonces vi algo todavía peor.
Una página titulada:
“Declaración de la menor.”
Mi corazón se detuvo.
—¿Qué es esto?
Mi padre bajó la mirada.
—Eso fue lo que más me preocupó.
Leí las primeras líneas.
Eran frases que supuestamente había dicho mi hija.
“Mi mamá se enfada conmigo.”