PARTE 2 — La casa que creían suya

Dos horas después me llamó.

Su voz había cambiado.

—Clara…

—¿Qué encontraste?

—El apartamento está registrado mediante una sociedad. Pero encontré el nombre de la persona que lo ocupa.

Me quedé en silencio.

—¿Quién?

Vivian respiró profundamente.

—Una mujer llamada Natalie.

Sentí que el corazón me golpeaba con fuerza.

—¿Quién es Natalie?

—Trabaja en la empresa de Daniel.

Cerré los ojos.

Entonces todo empezó a encajar.

Las noches en que Daniel decía que tenía reuniones.

Los fines de semana de trabajo.

Los gastos que nunca explicaba.

Las llamadas que terminaba cuando yo entraba en la habitación.

No había cambiado el código de la puerta solamente para castigarme.

Estaba intentando borrar mi lugar en su vida.

Y quizá ya tenía preparada otra vida.

Esa noche recibí un mensaje de Daniel.

**“Regresamos mañana. Espero que hayas aprendido la lección.”**

Lo leí.

Después miré a mi hija.

Y escribí una sola respuesta:

**“Sí. La aprendí.”**

No añadí nada más.

A la mañana siguiente, Daniel llegó a casa con su madre y su hermana.

Esperaban encontrarme llorando.

En cambio, encontraron a un hombre del banco colocando un letrero de venta en el jardín.

Daniel se quedó inmóvil.

—¿Qué demonios está pasando?

Su madre corrió hacia mí.

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