—Eso es más serio.
Miré la copia del documento.
Había algo especialmente perturbador en ver mi propio nombre escrito por otra persona.
—¿Cuánto querían pedir?
—Doscientos ochenta mil dólares.
Me quedé inmóvil.
Sabía que los padres de Ethan tenían problemas económicos.
No sabía que fueran tan graves.
—¿Para pagar qué?
Nora abrió otro archivo.
—Eso también resulta interesante.
La solicitud decía consolidación de deuda.
Pero la cuenta indicada para recibir parte del dinero no pertenecía a Marjorie ni a Harold.
—¿Entonces?
Nora giró la pantalla.
HALE FAMILY INVESTMENTS LLC.
—¿De Ethan?
—Fue creada hace nueve meses.
—Nunca había oído hablar de ella.
—Tú no figuras en ningún documento.
Sentí un alivio momentáneo.
Hasta que Nora añadió:
—Pero tu casa sí.
La empresa había utilizado mi dirección como domicilio comercial.
Y había algo peor.
Un documento interno valoraba mi propiedad como “activo familiar disponible para financiación futura”.
Activo familiar.
La casa que compré antes de conocer a Ethan.
La cocina que diseñé.
La herencia de mi abuela.
Todo convertido en una cifra dentro de un plan del que yo no sabía nada.
—¿Quién preparó esto?
—Un asesor llamado Gregory Mills.