Me divorcié embarazada de tres meses; diez años después, mi exmarido entregó un premio a su propio hijo sin saber quién era

reaccionó.

 

Odié que lo hiciera.

—Eso no tiene sentido.

—Claro que sí.

Vanessa bebió champán.

—Ethan pasó cinco años convencido de que yo era el amor de su juventud.

Después se casó contigo porque su familia lo presionó para dejar de esperarme.

Aquello dolió, aunque ya sospechaba parte.

—Cuando regresé, creyó que quería recuperar aquella vida.

—Y tú también.

Vanessa sonrió sin alegría.

—Durante unas semanas.

—¿Qué ocurrió?

—Me hablaba de ti.

La miré.

—¿Qué?

—Constantemente.

“Laura organiza mejor esto.”

“Laura no bebe ese vino.”

“Laura odiaría este hotel.”

“Laura habría elegido otra ruta.”

Vanessa soltó una risa.

—Incluso de vacaciones contigo ausente, tú estabas en todas partes.

No quería escuchar.

Pero tampoco podía irme.

—Le pregunté por qué se había divorciado.

—¿Qué dijo?

—Que conmigo había una historia que nunca terminó.

Y contigo una vida que se había vuelto demasiado real.

Tragué saliva.

—Eso no es amor.

—No.

Vanessa

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *