fantasía sobre ti.
—¿Qué le dijiste?
—Que su padre y yo habíamos sido personas que se quisieron mal.
Ethan se quedó mirándome.
—¿Me quisiste?
La pregunta me hizo reír sin humor.
—No hagas preguntas infantiles.
Su rostro se quebró.
Sí.
Había reconocido sus propias palabras.
—Lo siento.
No respondí.
—Laura, yo…
—No.
—Déjame…
—No hoy.
Me levanté.
—Hoy es la graduación de Leo.
—Es mi hijo.
—Biológicamente.
—No vuelvas a decirlo así.
La intensidad regresó.
—No puedes pretender que después de verlo voy a marcharme y actuar como si nada.
—No te lo estoy pidiendo.
—Entonces déjame hablar con él.
—No.
—Laura.
—No hoy.
—Tengo derecho.
Me volví.
—Y ahí está el Ethan que recuerdo.
Se quedó quieto.
—¿Qué significa?
—Acabas de descubrir que tienes un hijo hace quince minutos y ya estás hablando de derechos antes de preguntarte qué necesita él.
Ethan no respondió.
—Leo no sabe quién eres.