No levanté la voz.
No lloré.
No pregunté inmediatamente quién era aquella mujer.
Solo acerqué una silla.
—¿Cómo te sientes?
Mauricio me observó con cautela.
—Me duele todo.
—Los médicos dijeron que tu conmoción es importante, pero estable.
Asintió.
Entonces hice una pregunta aparentemente inocente.
—Vi salir a una joven con un niño.
Mauricio dejó de respirar durante un instante.
—¿Quién?
—La que estaba contigo.
Lucía intervino inmediatamente.
—Es una prima lejana.
La miré.
—¿Una prima?
—Sí.
—¿Y el niño?
Lucía respondió demasiado rápido.
—También es de la familia.
Miré a Mauricio.
Él cerró los ojos.
—Estás confundida, Vale.
Sonreí ligeramente.
—Puede ser.
No discutí.
No tenía sentido.
Todavía no.
Salí de la habitación y regresé a la sala de espera.
Una hora después recibí un mensaje de Arturo.
“Su nombre es Renata Molina. El niño aparece registrado como Matías Molina. Hay información adicional que quizá quieras revisar personalmente.”
Abrí el archivo.
Renata no era una desconocida.
Había aparecido en varios documentos relacionados con una empresa que Mauricio había creado dos años atrás.
Una empresa que yo había ayudado a financiar.
Sentí que el problema era mucho más grande de lo que había imaginado.
Durante nuestro matrimonio, Mauricio había emprendido varios proyectos.
Yo había participado en reuniones con inversionistas.
Había revisado contratos.
Había negociado condiciones.
En ocasiones incluso había puesto mi firma como garantía porque confiaba en él.
Nunca había pensado que esa confianza pudiera convertirse en un arma.
Entonces recordé una carpeta azul.
Tres días antes del accidente, Mauricio la había dejado sobre mi escritorio.
—Necesito que firmes esto antes del viernes —me había dicho.
—¿Qué es?
—Garantías para la próxima ronda.
La revisé superficialmente.
Pero una cláusula me había parecido extraña.
La garantía parecía demasiado amplia.
Podía comprometer bienes que no tenían relación directa con el proyecto.
—Lo revisaré con calma —le dije.
Mauricio había sonreído.
—Siempre encuentras algo que complicar.
Yo no había firmado.
Ahora entendía por qué había insistido tanto.
Esa noche, la aseguradora me envió una copia del expediente preliminar del accidente porque algunos documentos del vehículo estaban vinculados al patrimonio matrimonial.