bancarios, documentos y cualquier copia de llaves.
No era una expulsión improvisada.
Era un proceso claro.
Documentado.
Legal.
Mi hijo no podía decir que yo los había dejado en la calle sin aviso.
Pero tampoco podía seguir viviendo en mi casa como si fuera dueño de ella.
El banco nos entregó los movimientos completos dos días después.
Las transferencias a MZ Soluciones Integrales sumaban seiscientos cuarenta mil pesos.
No eran “regularizaciones”.
Eran pagos para cubrir un préstamo que Mauricio y Verónica habían adquirido meses antes. Un préstamo que, según los documentos, habían usado como enganche para reservar un departamento nuevo.
Un departamento que planeaban comprar después de vender mi casa.
Teresa puso el estado de cuenta frente a mí.
—Aquí está la razón de la valuación. Querían usar su propiedad como garantía o presionarla para venderla.
Miré las cifras sin poder hablar.
Yo había dado mis ahorros para vacaciones.
Había