Cuando Lisa por fin llamó a la puerta, se la abrí.
“Abuelo, deja de recalentarlo”.
Se quedó ahí, impecable, sonriendo como si llegar dos horas tarde fuera llegar a tiempo.
“Hola, papá”.
Cuando Lisa por fin llamó a la puerta, se la abrí.
“Abuelo, deja de recalentarlo”.
Se quedó ahí, impecable, sonriendo como si llegar dos horas tarde fuera llegar a tiempo.
“Hola, papá”.