médica, sino de una intervención externa deliberada.
Las dificultades para hablar directamente con el padre
Intentar transmitir esta información al cabeza de familia resultaba una tarea titánica debido a la apretada agenda y a las barreras interpuestas por el equipo administrativo y de seguridad. Cualquier intento de abordar al patriarca fuera de los canales oficiales era bloqueado de inmediato por empleados leales al médico tratante.
Esta situación obligó a buscar una estrategia alternativa, más paciente y calculada, para hacer llegar las pruebas definitivas sin alertar a los verdaderos responsables del complot doméstico.
El control sistemático de las conversaciones en la casa
Cada rincón de la mansión contaba con sistemas de vigilancia y personal dispuesto a reportar cualquier anomalía en las interacciones del servicio con los miembros de la familia. La comunicación interna estaba tan restringida que emitir una opinión crítica equivalía a un despido inmediato y a la pérdida de