No por dolor.
Por claridad.
Ahí estaba.
La respuesta que llevaba años buscando.
No había perdido a Julian porque Clara apareció.
Había perdido a Julian porque él nunca decidió elegirme.
Tomé la última caja.
—Felicidades.
Él frunció el ceño.
—¿Por qué?
—Porque finalmente tendrás lo que querías.
Me miró confundido.
—¿Qué?
Abrí la puerta.
—La libertad de casarte con alguien que no te haga sentir culpable.
No esperé su respuesta.
Esa noche, Julian llamó seis veces.
No contesté.
Al día siguiente apareció frente a mi casa.
Mi madre fue quien abrió.
—¿Está Amelia?
Mi madre lo miró en silencio.
—Está ocupada.
—Necesito hablar con ella.
—No.
Julian quedó sorprendido.
Porque mi madre siempre lo había tratado como un hijo.
—Señora Wen…
Ella lo interrumpió.
—Durante siete años mi hija esperó que usted la eligiera.
Pausa.
—Ahora alguien más sí quiere hacerlo.
Julian palideció.
—¿Alguien más?
Mi madre sonrió ligeramente.
—Sí.
—Y no tiene miedo de decir su nombre en público.
Tres días después, las invitaciones oficiales comenzaron a enviarse.
La noticia llegó a todos.
Amelia Wen se casaría.
El mismo día que Julian Shen celebraría su compromiso con Clara Xu.
La ciudad empezó a hablar.